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De que valem as cúpulas iberoamericanas para os iberoamericanos?

terça-feira 28 de maio de 2013

Articulo de Manuel Aguilar Yuste.

 

Cualquier ciudadano Iberoamericano que se preste a serlo, se habrá preguntado: ¿para que sirven las Cumbres de Estados Iberoamericanas?, al menos, uno que lleva trabajando más de una década en un entorno iberoamericano, Si!

Por ello, y para saber la utilidad de las Cumbre Iberoamericanas, tenemos que mirar al pasado 16 y 17 de noviembre del 2012 cuando se celebró la XXII y última Cumbre Iberoamericana en la ciudad de Cádiz (España), con una clara y breve conclusión: penas para Europa y glorias para Latinoamérica.

Esta vigésima segunda Cumbre Iberoamericana, pasará a la historia como la primera en que sus dos únicos miembros europeos, España y Portugal, tuvieron que bajar la cabeza, y reconocer que Latinoamérica alumbra el camino hacia el progreso, tras acabar con las fracasadas políticas neoliberales impuestas desde Estados Unidos.

En lo local, y haciendo un poco de Historia, vergonzosamente, y a pesar de la celebración de la XXII Cumbre Iberoamericana, ha pasado con más pena que gloria por la agenda anual la conmemoración del bicentenario de la Constitución de Cádiz, uno de los momentos más importantes de la historia de España. Hace doscientos años, en una islita, nobles, curas, abogados o profesores llegados de todos los puntos de España y de nuestra América, poniéndose de acuerdo para dejar claro que el poder reside en el pueblo y que nosotros decidimos nuestro futuro. En la actualidad, este ideal dicta mucho de la realidad. Los españoles defendiéndose solos ante las amenazas (fuerte desempleo, desahucios, pobreza y exigencias de Europa) mientras los poderes le hacen el juego a esos mismos opresores e incluso le ponen trabas al ciudadano para protestar o manifestarse.

Esos aventureros institucionales que, hace doscientos años en Cádiz, debatieron sobre el futuro de España tenían ya entonces muy claro para qué están los gobiernos, tanto que lo plasmaron en el artículo 13 de nuestra primera Constitución: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Ya ven que cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia.

Como digo, penas para Europa y glorias para América Latina caracterizaron la cita de Cádiz, donde predominaron las posiciones de los países “tercermundistas” de nuestra región, que durante siglos fueron avasallados por el dominio colonial español, y luego por el ahora decadente imperio de Washington, al cual se han sumido siempre los gobernantes de Madrid. Lo que la experiencia de Latinoamérica puede aportar a las naciones europeas, enfrentadas hoy a una crisis económica sin precedentes, y su población sometida a recortes sociales de todo tipo, desempleo, represión y violaciones flagrantes de los derechos humanos.

El Presidente anfitrión en esta Cumbre, el Sr. Rajoy, nada confiable, dicho sea de paso, por su sumisión al régimen norteamericano, expresó muy “cariñosamente” que “si en el pasado América Latina fue una oportunidad para Europa, hoy el denominado Viejo Continente es una oportunidad para América Latina”.

Similares declaraciones “amigables” hicieron el Rey de España Juan Carlos y el Secretario General iberoamericano, Enrique Iglesias, quien señaló que ante las dificultades que viven España y Portugal, los vínculos de ambos estados con sus similares de Latinoamérica son ahora más necesarios.

Bien es cierto que América Latina atraviesa hoy por una “década de bonanza”, reflejada en altas tasas de crecimiento, baja inflación, acumulación de reservas, disminución del endeudamiento externo y el dinamismo y diversificación de su comercio exterior.

Lo que no dijeron ninguno de los mandatarios europeos es que en Latinoamérica predominan actualmente cambios profundos protagonizados por gobiernos progresistas, socialistas, antiimperialistas, y que nada quieren saber de las recetas neoliberales que Estados Unidos experimentó primero en esta región.

Sin embargo, lo más triste de la Cumbre, ha sido ver el papel de Iberoamérica en el mundo, que hoy por hoy, es ninguno. En la reunión plenaria cada cual fue a lo suyo, no pasaron de vaguedades. Y, aparte de las ausencias destacadas, se confirmó que hay profundas diferencias sobre las respuestas económicas a la crisis. Pero, como tampoco hay unidad política, ni siquiera se manifiesta con contundencia. Iberoamérica, más que nunca, es una ficción, que apenas se sostiene por los idiomas: el español y el portugués.

En la Cumbre Iberoamericana de Cádiz, lo mejor ha sido Cádiz como ciudad. Por no decir lo único interesante. Ha respondido mucho mejor de lo que algunos esperaban.

Con la indiferencia manifiesta de los ciudadanos, que era lo que convenía, pues no había actos populares ni multitudinarios. Y con las ventajas de la propia ubicación de Cádiz: su insularidad ayuda para la vigilancia y seguridad. Por lo demás, aunque están mal explotados y peor difundidos, tiene los suficientes atractivos monumentales y turísticos para ser vista como lo que es: la ciudad más iberoamericana de Europa, la verdadera puerta de América en el Viejo Continente.

Pero se supone que los líderes iberoamericanos no habían acudido a Cádiz sólo para el turismo. La reunión de la Cumbre fue un cúmulo de experiencias particulares expresadas en voz alta. Se habló desde el narcotráfico a las consecuencias del masticado de la hoja de coca. También se habló de la crisis económica. Y ahí es donde se vio que Iberoamérica, como comunidad política, tiene serias divergencias, entre visiones propias del capitalismo clásico, como las de Bruselas y la señora Merkel, y otras muy divergentes. Se habló de indigenismo y de nacionalizaciones, que en Europa suenan a marxismo desfasado de otros tiempos. Más finamente, la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, recordó que su país se ha convertido en emergente cuando se ha dedicado a invertir para crecer, fomentando el crecimiento, el consumo y el empleo. Teorías muy contrarias a las que se practican en España, por imposición de Europa, y a lo que dice el FMI. También se hablaron de “otras cosas”, de las particulares, de aquellas influidas por los lobbies de las grandes compañías y multinacionales que financian esas “cosas”. Pero de lo importante, nada de nada.

En realidad, España y muchos países de Europa, en un efecto en cadena, se teme que puedan seguir el camino de América Latina en los ochenta, con dos décadas perdidas por seguir políticas ortodoxas. La austeridad exagerada se derrota a sí misma. Un ejemplo claro de cómo hacer bien las cosas es el caso de Brasil, que no se lame las heridas y dejó de hacerlo hace mucho tiempo. La presidenta de la primera potencia de América Latina, Dilma Rousseff, defendió paralelo a la Cumbre, el dinamismo del tejido económico del país, su progreso social e hizo uso de esa autoridad que a un Estado le dan las lecciones del pasado (dos décadas de estancamiento y crecimiento mediocre y una fuerte crisis financiera y bancaria) para encender todas las alarmas contra la austeridad como única herramienta para Europa. “La experiencia demuestra que cuando la austeridad es exagerada se derrota a sí misma”.

El discurso económico en Europa se debate entre los que ven las políticas de austeridad como único credo para embridar los desequilibrios fiscales (básicamente los halcones de Alemania) y los que ven imprescindible reducir las dosis de aceite de ricino y combinarlas con más estímulos para reanimar economías de capa caída, como la española.

El de la austeridad y crecimiento, no es sino “un falso dilema”, ya que las medidas de disciplina presupuestaria y de dinamización se deben aplicar de forma “articulada”.

Precisamente en América Latina tenemos un ejemplo claro: se controlan las cuentas públicas, pero también se invierten en infraestructuras y educación; se bajan los impuestos, pero se lucha contra la pobreza. América Latina quiere países de clases medias y movilidad social, Europa, visto lo visto quiere una región a dos velocidades.

Los recortes no pueden darse en todos los Estados a un tiempo y que aquellos con mejores finanzas deben tirar del carro. Pero el que tendría ese papel de locomotora en Europa es Alemania, precisamente el mayor defensor de los ajustes como primera y prácticamente única receta para países con problemas de deuda como España y el resto de malditos del sur de Europa.

Con todo ello se ha visto que entre Europa y la América no yanqui hay una gran separación; hay algo más que un océano por medio. España, que no pinta nada en Europa, cada vez pinta menos en América. Si Cristina Fernández, la presidenta argentina, expropió a Repsol y no ha viajado a Cádiz es justamente por eso, porque ya apenas queda en común un idioma.

Las ausencias más destacadas en esta Cumbre, además de Argentina, han sido Cuba, Venezuela y Uruguay, en definitiva un peso importante del espacio MERCOSUR, traducido en clave económico y empresarial, cuatro potenciales en sanidad, petróleo, alimentación y tecnología. Sin duda, se ha esfumando una gran oportunidad para establecer protocolos de cooperación empresarial a todos los niveles, con un objetivo común: apoyar al tejido empresarial latinoamericano, iberoamericano, o lo que es lo mismo, eurolatinoamericano, pero nuestro gobernante, carecedor de una verdadera política de cooperación, ha dejado pasar una gran oportunidad para fomentar la alianza internacional entre pueblos latinos.

Buscar salidas en Iberoamérica podría ser una opción. Pero, en los últimos tiempos, se ve como una tradición retórica, ajena a la realidad de la España de hoy y de la Europa del mañana.

Manuel Aguilar Yuste. Secretario Gral. EUROLATIM 98%. España.

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